La columna de Fernando Tapia: “El discurso del Miedo”
En su columna, Fernando Tapia analiza el último intento de la ANFP de frenar la separación definitiva con la Federación. “En este escenario la pelota la tiene el ministro: en sus manos está respetar íntegramente lo resuelto”, dice.
Más viejo que el hilo negro. No queda otra forma para describir la última jugada con la que la ANFP pretende impedir lo que ya está zanjado por ley: la separación definitiva de la Federación con la propia Asociación.
Pablo Milad entregó al ministro del Deporte, Francisco Riveros, una extensa carta que incorpora casi los mismos argumentos con los que los dirigentes del fútbol profesional intentaron convencer a los legisladores que sentenciaron la reforma a la ley de sociedades anónimas en el Congreso. Supuestas incompatibilidades legales que podrían desembocar en una desafiliación por parte de la FIFA. Una amenaza fantasma, una estrategia del miedo que ya los parlamentarios descartaron.
Para la aplicación de la nueva legislación, que entre otras cosas termina con la multipropiedad y los conflictos de interés, falta que se redacte el reglamento, responsabilidad que recae en el ministerio del ramo. Eso explica esta acción desesperada de los dirigentes que aspiran a modificar uno de los aspectos fundamentales del nuevo ordenamiento, como es la separación efectiva de la ANFP con la Federación de Fútbol.
Simplifiquemos las cosas. Lo que hay detrás no es más que el último manotazo del ahogado, en este caso los clubes representados por la ANFP, que se niegan a perder el control de la Federación, por ende de las selecciones nacionales, lo que concretamente se traduce en dejar de recibir los millonarios ingresos que éstas producen a través de la venta de los derechos televisivos y comerciales. Al final se trata de plata, y no poca.
Cuando en mayo pasado el presidente Kast promulgó la reforma no hubo ningún reparo del gobierno. Todo lo contrario. Eso fue una derrota absoluta para los clubes profesionales que se resisten a la separación con la Federación, porque en plena campaña presidencial se mostraron optimistas con que con el nuevo gobierno habría más sintonía para echar abajo este aspecto fundamental de la reforma.
El cambio de Natalia Ducó por Francisco Riveros en la cartera de deportes les abrió una última ventana, considerando que el actual ministro fue gerente de Palestino, quien podría ser, supuestamente, más proclive a aceptar cambios de última hora.
En este escenario la pelota la tiene el ministro: en sus manos está respetar íntegramente lo resuelto democráticamente tras casi una década de discusión parlamentaria.
A esta altura del partido sería profundamente decepcionante que la autoridad del deporte sucumbiera a las presiones de los mismos que han llevado a la actividad del fútbol a una crisis casi sin precedentes. Decepcionante y también inaceptable, lo que con seguridad marcaría negativamente toda la gestión para adelante.
El cuento de una posible sanción de la FIFA pasó a ser un argumento añejo, un relato alarmista y catastrofista que sólo responde a una estrategia comunicacional que se basa en supuestos riesgos y peligros, inexistentes por lo demás, con el único afán de ponerle una última traba a la necesaria y efectiva separación de la ANFP con la Federación. El discurso del miedo no debería asustar a nadie.