La columna de Fernando Tapia: “Juego sucio”
En su columna, Fernando Agustín Tapia analiza la visita de dos representantes de la FIFA a nuestro país. “El organismo cuyo Presidente vulneró la independencia con el poder político a ojos de todo el planeta, pretende supervisar una decisión autónoma del Congreso de nuestro país”, dice.
La FIFA, el organismo máximo del fútbol, está hoy bajo sospecha por los oscuros manejos de su presidente, el suizo Gianni Infantino. Esta misma semana el prestigioso diario británico The Times dio a conocer un nuevo escándalo del dirigente, quien habría recibido casi 2 millones de dólares, sin haberlos declarado, por parte de la empresa a cargo de la organización del último mundial. El hecho podría constituir fraude fiscal, lo que aumenta la presión sobre el hombre que aspira a ser reelegido en las elecciones de marzo próximo.
Las críticas sobre su gestión explotaron en medio de la Copa del Mundo, al constatar que Infantino permitió y facilitó la injerencia directa del presidente de Estados Unidos en aspectos deportivos, y se multiplicaron luego con su fracasado intento de privatizar los mundiales, involucrando en el negocio a familiares directos de Donald Trump. Todo muy feo, que tiene a varias Federaciones del mundo en contra de un nuevo mandato del personaje que ya cumplió una década en el cargo.
En este contexto Chile, cuya dirigencia encabezada por Milad ya adelantó su apoyo a la reelección de Infantino, recibe la visita de dos representantes de la FIFA, con el objetivo de “revisar” los alcances de la nueva ley que reformó las sociedades anónimas deportivas, y que establece la separación definitiva de la ANFP con la Federación. El chiste se cuenta solo.
El organismo cuyo Presidente vulneró la independencia con el poder político a ojos de todo el planeta, pretende supervisar una decisión autónoma del Congreso de nuestro país, y ser ahora garantes de que el Estado chileno no haya transgredido la independencia del fútbol a través de la nueva legislación.
Peor aún, uno de los enviados es el abogado paraguayo Mariano Zavala, funcionario de Conmebol, entidad que también respalda a Infantino en las futuras elecciones, y uno de los firmantes de la carta de tono amenazante que la ANFP presentó ante los Senadores el año pasado, en pleno debate de la reforma, como una forma de socavar el debate. Esa jugada no les resultó. Por eso esta famosa visita huele a un nuevo recurso para seguir empantanando la ejecución de los cambios ya sentenciados por ley.
El peligro ahora es totalmente al revés, es decir, que esta FIFA, que dicho sea de paso incorporó hace algunos meses a Pablo Milad como integrante de la comisión de desarrollo de la entidad, pretenda intervenir en el proceso interno, quizás pagando el favor político por el anticipado apoyo a Infantino en medio de la crisis.
Las autoridades, especialmente el ministro del Deporte, quien está a cargo de redactar el reglamento final de la necesaria separación de la ANFP con la Federación, tiene la obligación de hacer respetar lo resuelto legítimamente en el Congreso Nacional. No es momento de retroceder, ni mucho menos de dejarse llevar por las posibles amenazas de una FIFA, cuya directiva hoy ha vuelto a estar duramente cuestionada por su poca transparencia.
Tampoco por las sugerencias que surgen desde varios integrantes del Consejo de Presidentes de la ANFP, que probablemente estén detrás de esta “visita” de la FIFA, que pretende un traje a la medida de tal manera de no perder el control real de la futura Federación, especialmente de los ingresos económicos que produce a través de las Selecciones Nacionales.
Es demasiado evidente la jugada, el último recurso con el que se busca empantanar el necesario cambio, resuelto y sentenciado en el Parlamento después de casi una década de debate. No es precisamente el fair play que pregona la FIFA. Todo lo contrario: es juego sucio.