Política

El ascenso de un líder improbable

Desde abajo y a través de un intenso trabajo territorial, Mario Desbordes se convirtió en presidente de RN el 10 de marzo pasado. Ahora tiene nueve meses para consolidar su poder y ser reelegido en noviembre. ¿Cuál es su estrategia?

Agencia Uno

Por Josefina Ríos

Lunes 26 de marzo de 2018

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Su nombramiento fue unánime. En Renovación Nacional (RN), el partido político más grande de Chile, tras las últimas elecciones parlamentarias de noviembre pasado, no hubo voces disidentes: Mario Desbordes se convirtió en presidente de la colectividad el pasado 10 de marzo. Su designación es considerada por muchos dentro del partido como la cristalización de una carrera singular, un camino insólito y meta impensada en un partido donde están acostumbrados a que sus líderes provengan de la elite política y social chilena. Un partido donde las distintas corrientes que conviven protagonizan por lo general álgidas luchas internas para posicionar a sus líderes al centro del poder. Salvo por esta vez.

Hoy en Antonio Varas 454 las cosas son distintas y las aguas, al menos a primera vista, permanecen más quietas y reconciliadas bajo la figura de un capitán improbable. Uno nacido en Los Andes y criado en La Cisterna que estudió en escuela pública y liceo fiscal. Uno que optó por la Escuela de Carabineros para dar sus primeros pasos en la vida profesional y luego la continuó en Gendarmería. Ese que el año 2000 firmó por RN para convertirse rápidamente en presidente comunal de ese partido en Buin.

Mario Desbordes a pulso y en contra de las expectativas ha logrado en estos 17 años posicionarse como pieza clave y conciliadora dentro de RN. Su poder reside en gran parte por su intenso trabajo territorial y el apoyo irrestricto que da a las bases. También ha sabido navegar con éxito entre las cabezas históricas del partido, transformándose en aliado clave, según ha correspondido, de los líderes del ala conservadora, pero también receptivo a los intereses de los liberales. “Mario no da problemas, por el contrario, los resuelve. Es proactivo e inteligente, de manera que se hace indispensable para sus jefes. Lo vimos con Carlos Larraín, pero también con Cristián Monckeberg. Ambos no pueden ser más distintos, pero los dos se apoyaron en la figura de Desbordes”, analiza un consejero nacional de RN.

Las “acciones” de RN

Puesto en términos bursátiles, el ascenso de Desbordes es comparable con el triunfo del capitalismo popular en RN. La colectividad estaba acostumbrada al liderazgo de una figura fuerte y reconocible. Una especie de “socio controlador”, que no solo dirigía la esfera política y doctrinaria del partido, sino que además era respaldado por su poder económico o el de sus aliados, indispensable para el financiamiento de campañas y el funcionamiento operativo. Así, en una primera etapa Sergio Onofre Jarpa lideró con mano dura y el apoyo irrestricto de los “poderes fácticos”, término acuñado por un entonces joven diputado, Andrés Allamand.

Más tarde vendría su oportunidad. Allamand encarnó un partido rejuvenecido, más liberal y algo crítico de la figura de Pinochet. Él tenía ideas y prestigio, pero no plata. Para eso contó con la ayuda de Bernardo Matte, uno de los mayores donantes de RN en ese periodo. Pese a los problemas, como el famoso Piñera-Gate, Allamand logró consolidar su poder desde fines de 1990 hasta 1997. A partir de entonces, comienza la “era piñerista”, aseguran quienes conocen bien la historia del partido. Después de Allamand vino Alberto Espina, quien contaba con el apoyo de Piñera. Tras una corta interrupción, donde Alberto Cardemil -un reconocido conservador- tomó la conducción, el propio Piñera llegó a la presidencia y sentó durante sus tres años de estadía las bases para su primera campaña presidencial en 2005.

El último gran “controlador” de RN fue el ex senador Carlos Larraín, quien dirigió sus destinos desde 2006 hasta 2014, ocho años donde su ideario conservador y abultada billetera favorecieron el crecimiento de militantes allegados a él, como los senadores Francisco Chahuán y Manuel José Ossandón; frenaron la influencia que ejercía dentro de la colectividad las banderas liberales que enarbolaba el piñerismo más duro y se acentuó la rivalidad con la UDI, sus socios de la otrora Alianza por Chile.

Con la recalada de Desbordes en la presidencia de RN muchos coinciden en que ha triunfado el poder de las bases. Quien ejerció durante más de siete años como secretario general del partido, logró, sobre todo durante el mandato del diputado Cristián Monckeberg, empoderar a los mandos medios. En la misma línea, la nueva ley de financiamiento de partidos políticos le dio la libertad financiera para no tener que depender del poder económico de algunos para poder asentar y asegurar una verdadera influencia política.

El nuevo estratega

Carlos Larraín y Lily Pérez fueron los primeros en apreciar el enorme potencial de Desbordes, a quien a fines de la década pasada le entregaron la estrategia territorial del partido. Por aquella época Desbordes se desempeñaba como presidente del partido en la Región Metropolitana y quería ser candidato a diputado por el ex distrito 18 (Lo Prado, Cerro Navia y Quinta Normal) en la elección parlamentaria de 2009. Sin embargo, poco antes de cerrar las listas, el partido optó por Nicolás Monckeberg para ese cupo. La decisión disgustó a Desbordes, pero no hubo mucho tiempo para expresar su malestar: el comando del entonces candidato a presidente, Sebastián Piñera, lo designó como jefe del equipo de avanzada durante la campaña.

“No nos conocíamos mucho con el Presidente por esos años, pero me puse de cabeza a recorrer el país con él. Ahí pudieron ver mi trabajo los dirigentes a lo largo de Chile y construí importantes relaciones”, recuerda Mario Desbordes de ese periodo. En RN comentan que su actual líder conoce personalmente a todos los presidentes regionales, a los distritales e, incluso, a un gran puñado de los jefes comunales. “Ha recorrido el país decenas de veces y defiende a muerte a sus aliados. Incluso logró penetrar, de la mano del alcalde de Lo Barnechea, Felipe Guevara, el ex distrito 23 (Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea) que por muchos años le tuvo las puertas cerradas”, agrega una ex concejala.

Su influencia en RN y la nueva cercanía lograda con Piñera durante la campaña de 2009 le significaron que en 2010 fuera nombrado subsecretario de Investigaciones. “Lo obvio hubiese sido que ocupara la Subsecretaría de Carabineros, ya que él mismo se desempeñó por más de 15 años como tal. Sin embargo, el alto mando de Carabineros se opuso, pues consideraron que no tenía rango para ello: Desbordes se retiró en 1994 de la institución y sus compañeros de generación aún eran comandantes”, recuerda un miembro de la ex administración Piñera.

Su estadía en el gobierno fue corta. En octubre de 2010, cuando la repartición que lideraba pasó desde Defensa a Interior, dejó el Ejecutivo y se transformó en diciembre de ese mismo año en secretario general de la directiva que encabezaba Carlos Larraín. Una mesa que hasta despedirse en 2014 se mostró bastante crítica del primer gobierno de Piñera. Por eso cuando llegó Cristián Mockeberg, diputado del ala liberal y detractor del estilo Larraín, muchos pensaron que Desbordes daría un paso al lado. Contra todo lo esperado, ambos pactaron y conformaron una mesa de unidad. “Al principio no fue fácil, existían ciertas desconfianzas, pero la relación fue mejorando de a poco con lealtad y sinceridad. Soy un tipo que va de frente y habla las cosas”, cuenta Desbordes.

En los últimos cuatro años, la directiva liderada por Cristián Monckeberg se abocó al rearme de la coalición de centroderecha, la cual quedó bastante disminuida tras los buenos resultados de la Nueva Mayoría en las elecciones del 2013. “La salida de Carlos Larraín de la presidencia permitió que el partido pudiera mejorar sus relaciones con la UDI y de paso comenzar a construir lo que hoy conocemos como Chile Vamos”, explica un diputado de la colectividad.

“Fue un trabajo duro, pero se lograron los objetivos. El primer gran triunfo fueron los excelentes resultados para el sector en las municipales pasadas. Luego vinieron las parlamentarias y RN se convirtió en el partido más grande de Chile. Queremos que el éxito se prolongue en el tiempo, nuestras ideas se deben proyectar a lo menos por 12 años. Este gobierno no puede ser otro simple paréntesis”, asegura Desbordes, quien fue electo diputado por La Cisterna en noviembre.

¿La reelección se complica?

Por esto y porque dar una señal de unidad y continuidad era importante ad portas de que comenzara el mandato de Sebastián Piñera es que nadie dudó que Mario Desbordes sucedería a Cristián Monckeberg en la presidencia del partido, luego de que este fuera nombrado por Piñera como ministro de Vivienda. Recibió apoyo explícito de su antecesor, pero también de los líderes más importantes de la colectividad, como Andrés Allamand, Carlos Larraín y Manuel José Ossandón.

Agencia Uno

Con todo, las aguas en Antonio Varas 454 se podrían agitar a partir de ahora. Allí reconocen que si bien el éxito en las pasadas elecciones parlamentarias aquietó las disputas internas entre liberales y conservadores en el partido, éstas podrían repetirse con miras a las elecciones generales de la tienda el 17 de noviembre próximo y el posicionamiento de sus cartas en la directiva para llegar en buena posición a las elecciones presidenciales de 2021.

Si bien el plan de Desbordes es repetirse el plato ese día, en el partido comentan que podrían salir competidores en el camino. “En política nueve meses es una eternidad y no hay nada claro aún”, dice una ex candidata a diputada y representante del ala liberal que promueve la figura de Andrés Allamand para ocupar el cargo. “Obviamente trabajaremos para que Allamand tome el mando y ya hay conversaciones al respecto con el grupo más cercano a Alberto Espina. Con ellos compartimos valores similares y es posible que terminen inclinándose por esta candidatura si él decide aceptarla”, explica.

En la vereda de los conservadores las cosas no están tan claras. Por un lado, la figura de Desbordes concita apoyo. Sin embargo, los seguidores del senador Manuel José Ossandón no estarían dispuestos a renunciar a sus opciones sin ninguna compensación a cambio y por ello exigen tener a uno de sus representantes en la futura mesa en un cargo relevante. En una primera instancia, su carta para la secretaría general o la primera vicepresidencia era Emardo Hantelmann, pero fue nombrado subsecretario de la Secretaría General de Gobierno, por lo que tendrán que rebarajar sus opciones.

La duda principal reside hoy en qué opción tomará Francisco Chahuán. El senador por la Región de Valparaíso cuenta con un gran respaldo en regiones y también en las bases. Cercano a las filas de Carlos Larraín, pero algo más renovado, quienes dicen conocerlo bien sostienen que su meta es ser Presidente de la República y hará todo lo que está en sus manos para lograrlo. Para ello ve como paso clave tomar la conducción de su partido. En su círculo comentan que noviembre podría ser una buena oportunidad para lograrlo, pero no descartan que finalmente se allane a una mesa de unidad bajo la figura de su actual cabeza.

Mario Desbordes, el líder improbable y negociador incansable, tiene nueve meses para demostrar en acción que es la mejor opción para conducir RN también a partir de noviembre. Y tiene planes para lograrlo. “Mi idea es reelegirme en noviembre y ser diputado un periodo más, no más que eso. Desde esa perspectiva le puedo asegurar a todas las cartas presidenciables garantías de que la cancha será pareja para todos”, advierte. Así, la idea es incorporar a todas las sensibilidades que hay dentro de RN en una mesa amplia y de unidad.  

Sin descuidar el trabajo territorial, hoy su atención está puesta en construir un nuevo relato para su partido. Para ello lo asesora el filósofo Hugo Herrera. “Queremos consolidar la idea de un partido más grande, social e ideológicamente más diverso, donde convivan con respeto conservadores, liberales, nacionales, católicos, evangélicos, judíos, todos”, adelanta Desbordes. Las cartas ya están echadas, en noviembre se sabrá finalmente si gana su partida.

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