Actualidad

La crisis analizada por seis panelistas de Primera Pauta

Imagen principal
Agencia Uno
POR Cristián Rodríguez |

Gonzalo Cordero, Ricardo Solari, María Jaraquemada, Álvaro Pezoa, Víctor Maldonado y Claudio Alvarado le dan una mirada de perspectiva y proyección a esta.

Gonzalo Cordero, abogado y analista político

“El vandalismo que vimos ayer [viernes] hay que analizarlo con serenidad a la luz de dos antecedentes objetivos: hechos similares y más graves ocurrieron en el siglo XX en Santiago y otros semejantes han sucedido recientemente en países desarrollados con Estados de bienestar que muchos idealizan en Chile.

De manera que los sesudos análisis de algunos que culpan a la inequidad, al modelo neoliberal o a la gestión del Gobierno tienen una falla estructural: no dan cuenta de que esto también sucede, o sucedió, allí donde no está presente ninguno de los factores a los que livianamente culpan. La violencia debe condenarse siempre y por todos los líderes de una democracia, eso no ha sucedido y eso es tanto o más grave que la violencia misma, porque el silencio o la ambigüedad de algunos la legitima y, por ende, la estimula.

La pregunta de fondo a formularse hoy, en mi opinión, es si esto es solo la acción de delincuentes y grupos violentistas o hay también un trasfondo de malestar genuino, más o menos justificado en la realidad. En principio, creo que lo hay y mi hipótesis es que permite explicar buena parte de lo que ocurre en sociedades desarrolladas y ocurrió en el pasado: es la frustración de expectativas que produce el estancamiento económico.

Si Chile no crea las condiciones para que la inmensa clase media, que con su esfuerzo salió de la pobreza, siga progresando, veremos más violencia y también, me temo, veremos crecer el populismo de manera incontenible. ¿Por qué si el problema fuera la desigualdad o el abuso los vándalos destruyen el Metro, que es la expresión misma de la integración social y la dignidad a sus usuarios? Es que el problema no es el Metro ni su tarifa, para los vándalos el Metro es un objetivo precisamente porque es integración y oportunidades. Pero ese malestar que empieza a percibirse en el contexto es consecuencia de la frustración de una enorme clase media baja en un país que hace prácticamente cinco años dejó de crecer.

El problema, en definitiva, no es el modelo de desarrollo, sino todo lo contrario, es que hemos debilitado tanto el modelo de desarrollo que ya no está siendo capaz de generar progreso al nivel que los chilenos demandan”.

Ricardo Solari, exministro del Trabajo

“Los acontecimientos ocurridos tienen dos caras: malestar social extendido y violencia vandálica. Porque lo de ayer [viernes] estuvo lejos de ser puro vandalismo. Cualquiera que recorriera los barrios donde habitan la mayoría de los santiaguinos habrá sentido las cacerolas y las bocinas. Gente común, gente mayor, apoyando la protesta.

El agobio material y espiritual de un porcentaje inmenso de chilenos pobres y de clase media está sobre la mesa. Hay demasiadas familias a las que les cuesta mucho llegar a fin de mes. Pero lo más grave es el escaso esfuerzo de las elites por aliviar la carga. Los debates sobre los grandes temas se eternizan o se paralizan hasta el hartazgo. Las cifras de incremento de la delincuencia crecen hasta consolidar una peligrosa sensación de impunidad. Asuntos tan distintos como la violencia en la Araucanía, el desborde de las barras bravas o el del Instituto Nacional se perpetúan, ratificando que la autoridad carece de recursos para contener, encauzar e imponerse.

La incompetencia política del Gobierno para tratar este asunto ha sido increíble. Y el recurso de la represión, como único camino, sin empatía por la motivación de la protesta, ha conducido muy rápidamente a donde llegamos: usar un estado de excepción para imponer el orden en la Región Metropolitana. Los militares en las calles. La oposición, con excepciones, permaneció muda prácticamente durante toda la jornada, contribuyendo también a privar de comprensión y de condena a la violencia de ayer [viernes]. Al cierre de la jornada, anoche, los grandes ganadores eran los enemigos de la democracia y los partidarios del autoritarismo.

¿Cómo sigue esto? ¿Cómo gira la política hacia un punto donde conecte con la ciudadanía y construya otra ruta? Es muy difícil, porque esa recomposición exige liderazgo, legitimidad y autocrítica y nada de eso abunda”.

Álvaro Pezoa, director del Centro de Ética Empresarial del ESE

“La lamentable jornada de violencia delictual-terrorista vivida las últimas horas en Santiago tiene como caldo de cultivo una serie de problemas y expectativas de fondo que la sociedad chilena no ha sabido resolver o cumplir. Situación que viene generando un clima de malestar social, frustración y rabia acumulada perceptible desde hace años. Sin desmedro alguno de ello, es también evidente que los hechos acontecidos no han sido fruto pura ni primeramente de la espontaneidad; detrás de los mismos se aprecia planificación y organización para movilizar a grupos humanos aprovechando el descontento, esto es, la tradicional estrategia de desestabilización social utilizada -cuando le conviene- por la izquierda más radical. Realidad que es cohonestada por las declaraciones emitidas por conspicuos dirigentes del sector.

Tres hechos han contribuido también a llegar al actual escenario. Primero, la enorme desconexión de la clase política con las necesidades y preocupaciones reales de la ciudadanía. Mientras la primera discute temas que interesan solo a las élites progresistas y muestra todas sus miserias en pequeñas contiendas de poder y figuración, la segunda espera respuestas en materias fundamentales como seguridad, salud, educación o pensiones. Segundo, la generalizada renuncia al ejercicio de la autoridad (y falta de apoyo a las fuerzas de orden) que ha dado espacio para una tolerancia desmedida a la utilización de la violencia (La Araucanía, Instituto Nacional, Universidad de Chile) hasta el punto de tornarla incontrolable. Tercero, la insistencia machacona en los medios de prensa por condenar cualquier acto de uso de la fuerza pública y sobredimensionar los mentados derechos de violentistas y vándalos.

No se ha tratado de un día de furia puntual. Y es de presumir que la ola de destrucción y caos continuará en el futuro inmediato. La proximidad de la reunión de APEC y de la COP25 en la capital son ocasión propicia para generar impacto socio-mediático en Chile y el exterior e infligir daño al Gobierno y el oficialismo”.

María Jaraquemada, directora de Incidencia de Espacio Público

“Creo que lamentablemente el Gobierno no supo leer bien lo que estaba pasando, tildándolo desde el primer día de vandalismo y respondiendo con poca empatía y tarde, a lo que se suma la falta de liderazgo de la oposición. Las situaciones de violencia de anoche en ningún caso son justificables, pero eso no debe impedir entender las causas de este gran descontento social y hacerse cargo de estas.

Se ve una desconexión entre las discusiones en el Congreso y lo que pide la ciudadanía, en un país muy desigual y con una alta desconfianza hacia nuestras instituciones políticas. La salida debe ser política y se debe aprender de casos similares ocurridos en Francia y Ecuador y las autoridades deben responder a la ciudadanía con medidas concretas”.

Claudio Alvarado, director del Instituto de Estudios de la Sociedad

“El caos y los destrozos que azotaron ayer a Santiago no admiten justificación alguna. Por eso, tanto o más triste que los desmanes fue ver a los políticos del Frente Amplio justificando lo injustificable.

Pero que no haya justificación para los desmanes no quiere decir que sea imposible comprender el legítimo malestar que nuevamente emerge en la población. El alza del Metro solo fue la gota que rebasó el vaso.

Los tiempos mejores no llegan y las promesas incumplidas solo aumentan la frustración. Y La Moneda se demoró en reaccionar ante ambas cosas. Ni empatía con la realidad social ni liderazgo ante el desorden público se observan en el Gobierno. Sin un cambio significativo de conducción política parece imposible hacer frente a esta situación”.

Víctor Maldonado, ex subsecretario de la Presidencia y de Desarrollo Regional 

“Los estallidos sociales se producen por acumulación. Y la acumulación por la indiferencia en el tratamiento de problemas importantes y no resueltos. En unas palabras: se producen cuando la autoridad falla por tiempo prolongado. Simplemente hay que observar de qué hablaba el Gobierno hace apenas dos días: la imagen internacional de Piñera, el tratamiento de las reformas en el Parlamento y del emplazamiento a la oposición por sus responsabilidades.

El Gobierno estaba concentrado en sus prioridades, dando la estabilidad por segura. Las señales en peligro no fueron advertidas. El incendio en el Instituto Nacional fue minimizado. Las primeras manifestaciones en el Metro se trataron como un tema de evasión.

Un Presidente concentrado en el calentamiento global no vio lo que ocurría con el calentamiento local. El retroceso en gobernabilidad es gigantesco. Para salir hay que reordenar las prioridades, pedir el apoyo de todos, incluidos los criticados, y tomar medidas inmediatas en transporte”.