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¿Cuál es la evidencia científica que valida el retorno de las mascarillas en los colegios?

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Agencia Uno y Pauta
POR Isidora Paúl |

Los cubrebocas pueden reducir entre el 6% y 15% de los contagios y son muy útiles como parte de una estrategia más general de prevención, donde se incluya la vacunación, el lavado de manos y la ventilación permanente de los espacios cerrados.

En medio del alza de las enfermedades respiratorias, especialmente del virus sincicial, se ha vuelto a poner el foco en los contagios en los colegios. Y con el objetivo de reducir la circulación viral, desde el jueves 15 de junio pasado se volvió a establecer el uso obligatorio de mascarillas en los establecimientos educacionales: todos los mayores de 5 años deben utilizarlas cuando estén en espacios cerrados. En este escenario -que recuerda en parte los meses más complejos de la pandemia-, nuestro Contestadog, de Watchdog Pauta, salió con su tapabocas a investigar cuál es la evidencia científica que valida el retorno de las mascarillas en los colegios nacionales.

Lo primero que hay que plantear es que la medida se volvió obligatoria porque las salas de clases son uno de los espacios de mayor riesgo de contagio, debido a la edad de quienes acuden al colegio, el tiempo que pasan en estas superficies y la escasa ventilación que hay durante el día, debido a las bajas temperaturas invernales.

La decisión fue adoptada a partir de las recomendaciones de un grupo transversal de expertos en salud, entre los cuales estuvieron varias autoridades del gobierno del ex Presidente Sebastián Piñera, quienes plantearon la necesidad de tomar medidas similares a las que se usaron durante la pandemia del Covid-19.

A nivel de evidencia científica, hay que distinguir que existe muchísima documentación del positivo efecto que genera su uso en la disminución de la transmisión de virus respiratorios, pero no existe la misma aplicada a ambientes escolares. El infectólogo del Hospital Barros Luco, Ignacio Silva, asegura que la decisión se basa precisamente en lo primero. “Parece razonable utilizarlas en uno de los ambientes donde se conoce que se concentra un reservorio importante de virus, y que también sabemos que los niños actúan como vectores para transmitir a niños más pequeños y también hacia los adultos”, enfatiza.

La pediatra broncopulmonar de la Clínica Las Condes, Lenny Cruzat, menciona que, según distintos estudios, con el uso de mascarillas el contagio en general podría bajar entre 6% a 15%. “Está demostrado que el uso disminuye los contagios, especialmente en lugares cerrados. También sirve porque al estar una persona sana con mascarilla evita respirar los fluidos de una persona que no usa”, agrega.

De esta forma, se debe tomar en cuenta que los virus respiratorios se transmiten por contacto directo, gotas y microgotas de secreción, o partículas que quedan suspendidas en el ambiente. Y las mascarillas se fabrican mediante la técnica de soplado en fusión, donde las cargas se imparten al material, creándose un campo eléctrico casi permanente lo que proporciona una filtración adecuada de las partículas en suspensión. Por lo tanto, cuando el uso es el correcto, ayuda de manera efectiva a evitar contagios.

La medida en los colegios se tomó dos semanas antes de las vacaciones de invierno -que se extienden la primera quincena de julio-, y se mantendría vigente hasta el 31 de agosto, cuando termina la alerta sanitaria por virus respiratorios.

En este sentido, la infectóloga pediátrica y jefa del vacunatorio de la Clínica de la Universidad de los Andes, María Luz Endeiza, comenta que la reducción del número de contagios no es instantánea, lo que se relaciona con el período de incubación de cada virus en particular. A lo anterior, agrega que “para que uno note una diferencia importante en la circulación se tiene que ver en dos semanas, por lo que es muy probable que ahora que salgan de vacaciones sea más notoria la disminución de los contagios”.

En cuanto a los períodos de incubación, estos varían entre sí. En el Virus Respiratorio Sincicial (VSR), una enfermedad que ha experimentado una fuerte alza en las últimas semanas, los síntomas comienzan entre cuatro a seis días después de la exposición. Se pueden presentar de forma gradual durante un período de varios días y, a menudo, el período de contagio es de al menos diez días después de la aparición de los síntomas.

El jefe de infectología infantil de la Clínica Alemana y presidente del Comité Asesor en Vacunas e Inmunizaciones (Cavei) del Ministerio de Salud, Jaime Rodríguez, sostiene que lo que se observa es que cuando los niños salen de vacaciones los virus que circulan en la población disminuyen de forma importante. “Esto tiene que ver con que, al estar de vacaciones, dejan de estar hacinados en las salas de clases”, explica.

Silva añade que no es posible saber un porcentaje exacto de reducción de los contagios previo a las vacaciones y luego de que se adoptara la medida de las mascarillas. “No es factible conocerlo porque todo el impacto que se observe en estas semanas de eventuales reducciones en la circulación viral no se puede individualizar en una sola medida, sino que al paquete de medidas que se toman en su conjunto; pero sin duda que al ser una medida que se incluye en el paquete preventivo va a tener un impacto positivo”, asevera.

 

¿Es suficiente la mascarilla para disminuir contagios?

Según los expertos, si bien el uso de la mascarilla es algo que ayuda, debe ir acompañado de otras medidas, como el evitar reuniones sociales con personas con síntomas, el uso fuera de la sala de clases en las personas que están enfermas, el preferir reuniones en espacios abiertos, o la insistencia en la ventilación de los espacios cerrados, higiene de manos y vacunación.

Además, destacan que el uso solo es efectivo si se realiza de la manera correcta, ya que deben cubrir la nariz, la boca y el mentón, sin dejar huecos. En este sentido, se deben elegir mascarillas que tengan una tira nasal plegable porque ayudan a evitar que el aire se escape por la parte superior de la mascarilla.

Cruzat agrega que un uso correcto depende de que exista un buen ajuste de la cara del niño y que sea de un tamaño adecuado. “Si uno es adulto debe ocupar mascarilla de adulto, y los niños, de niño. También hay que evitar tocarse la cara, estar tocándose la mascarilla constantemente, o sacársela y colocársela de forma frecuente”, añade.