Opinión de Fernando A. Tapia

Los nuevos dueños de la pelota

"La FIFA ya no genera el miedo de antes", escribe Fernando A. Tapia. "En otros tiempos los clubes europeos le hubiesen puesto una alfombra roja a los jugadores sudamericanos para que viniesen a jugar".

Agencia Uno

Por Fernando Tapia

Miércoles 1 de septiembre de 2021

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Han sido tiempos difíciles para la otrora súper poderosa FIFA. El organismo que rige el fútbol mundial ha sido desafiado en un mismo año primero con la intención de los clubes más poderosos de Europa con la creación de una Superliga y, en estos días, con la postura de países como Inglaterra, España, Italia y Portugal, que pusieron serias trabas para facilitar a los futbolistas sudamericanos para la fecha triple de las Clasificatorias, precisamente la competencia que otorga pasajes para la Copa del Mundo de Catar.

En otros tiempos, la sola amenaza de sanciones por parte de la federación con sede en Zurich hubiese espantado a cualquiera. Pero los tiempos han cambiado. Desde el Fifagate, el caso que desveló la profunda corrupción en el fútbol y en que se vieron involucrados altos dirigentes de la FIFA y de las distintas confederaciones continentales, el poder del organismo se ha visto debilitado no solo por la total pérdida de credibilidad en sus actividades –muy cuestionadas incluso antes de la acción de la justicia- sino que también porque en todo el mundo ya hay consciencia de que todo lo que dictamine el ente puede ser potencialmente contrarrestado en cualquier tribunal en el mundo.

La FIFA ya no genera el miedo de antes con sus amenazas de desafiliación o intervención. Hasta mayo de 2015 estaba claro que los dueños de la pelota eran esos dirigentes, octogenarios varios de ellos, vestidos de negro, millonarios y poderosos, que hicieron crecer sus bolsillos a cambio de los votos para otorgar la sede de un mundial a un país determinado o para ceder los derechos de televisión y comerciales a alguna cadena de televisión o una empresa de mercadotecnia. El poder se ha ido trasladando rápidamente a magnates, en varios casos provenientes de países sin tradición futbolera, que aprovechando la oportunidad se han instalado fuertemente en las ligas más importantes del planeta, especialmente en Europa.

Opinión de Fernando A. Tapia

Fake FIFA

"Si la FIFA en verdad quiere volver a encantar al público, debe entonces rescatar la esencia del juego, y no desvirtuarlo para seguir acomodándolo a su modelo de negocios", escribe Fernando A. Tapia.

La lucha por el dominio de los grandes negocios se ha trasladado al fútbol, como parte de un campo de batalla comercial en el que confluyen no solo los intereses económicos sino que también los geopolíticos. Así, por ejemplo, el millonario ruso Roman Abramovich, cuya riqueza proviene de los pozos petroleros y de sus estrechas conexiones con el poder político en Moscú, se adueñó del Chelsea de Inglaterra. Del petróleo de Arabia Saudita llegaron también los millones de euros con los que el jeque Mansour Bin Zayed compró el Manchester City; tal como el emir de Catar Tawin Bin Hamad Al Zari se hizo del PSG hasta transformarlo en un club Estado, capaz de tener en sus filas a los mejores jugadores de la actualidad, encabezados por Lionel Messi.

En la disputa del nuevo orden mundial obviamente que también tiene un rol preponderante China, que a través del conglomerado privado Suning Holding Group ingreso al mercado de élite en el fútbol con la compra del Inter de Milán, el equipo donde juegan los chilenos Arturo Vidal y Alexis Sánchez.

¿Y Estados Unidos? Pues hace rato que han dejado de ignorar al deporte más popular instalándose con fuerza a través de inversionistas como el Grupo Fenway Sports, que maneja al Liverpool de Inglaterra, una de las instituciones más tradicionales y populares de Gran Bretaña.

Hay más casos, por cierto. Para todos estos nuevos dueños de la pelota el presidente de la FIFA, hoy el suizo Gianni Infantino, no es más que un funcionario, que pese a toda la pomposidad del cargo y del poder que supuestamente maneja, no es más que eso: un funcionario.

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El fútbol negocio ha traído como consecuencia que el evento de selecciones que se realiza cada cuatro años como un mundial de fútbol, aunque relevante para los hinchas, aficionados, los propios futbolistas y los medios, ya no sea la instancia más importante para alentar las grandes transferencias. Es demasiado tiempo esperar cada cuatro años. El mercado y la vidriera que es la televisión, demandan cada vez más competencias. Y ojalá sin actores de reparto para elevar la sintonía: esto es lo que inspiró la idea de la Superliga europea, cuyo origen estuvo en el cerebro del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, también con grandes conexiones con los nuevos actores en el negocio.

La FIFA puso el grito en el cielo ante esta última idea y, pese a las amenazas, no fue sino hasta que irrumpió la presión social, la de los hinchas en las calles, la que hizo que se diera marcha atrás, aunque todo indica que de manera momentánea.

Hoy el debate se reabrió con la postura de las ligas más importantes del mundo, que respaldando a sus socios (los clubes), se negaron a facilitar a los futbolistas sudamericanos para las Clasificatorias. En otros tiempos esas instituciones le hubiesen puesto una alfombra roja para que viniesen a jugar partidos que dieran paso a una clasificación a una copa del mundo. Pero para esos clubes, que han hecho millonarias inversiones por tener a esos jugadores en sus filas, es más rentable que estos estén permanentemente en la vitrina de las competencias europeas, que es donde finalmente se concretan los negocios.

De seguro que veremos cada vez más seguido este tipo de conflictos. Y muy probablemente la FIFA tendrá que ceder a esta nueva realidad, asumiendo que su poder de otrora ya no es el mismo. De hecho, así se entiende la idea propuesta por el presidente Infantino, de querer acortar el tiempo que separa los mundiales, pasando de cuatro a cada dos años. Una locura que ya hemos visto hacer en Sudamérica con la Copa América, que ha organizado cuatro certámenes en seis años, siempre buscando una excusa.

Con las recaudaciones y los ingresos de la televisión ya no alcanza. El negocio está en el constante movimiento del mercado de pases. Según el último informe de la propia FIFA sobre traspasos, en la última década se concretaron negocios por casi 50 mil millones de dólares por este concepto. Y los 30 clubes que más pagaron son exclusivamente europeos. Tres países sudamericanos aparecen en el top 5 entre los exportadores: Brasil, Argentina y Colombia. Los nuevos dueños de la pelota pagaron para que jueguen en Europa y no para una clasificatoria que en ese continente pocos ven y que es para un torneo -para ellos vitrina- que se organiza cada cuatro años.

Deportes

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