La acera de los tontos

Independents' Day

"Hay que pensar en procesos revolucionarios para encontrar situaciones parecidas. ¿Y si realmente fuera así y Chile estuviera viviendo un proceso revolucionario de baja intensidad?", se pregunta John Müller en su columna.

El Palacio de La Moneda.

Agencia Uno/PAUTA

Por John Müller

Lunes 17 de mayo de 2021

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El hecho político más notable de la elección del 15 y 16 de mayo ha sido la masiva entrada de independientes en la convención constituyente. En total, según diversos cálculos, 88 de los 138 constituyentes elegidos por los distritos serían independientes frente a solo 50 militantes de partidos políticos. Este hecho, destacado por el politólogo Claudio Fuentes González, bien obligaría a que esta histórica megaelección sea bautizada como "El Día de los Independientes" (Independents' Day).

La presencia de tantos independientes es sorprendente, puesto que se pensaba que el sistema de manera natural iba a perjudicarlos. Se ve, sin embargo, que el electorado quiere que las manos de los políticos tradicionales estén lo más lejos posible de la redacción de la nueva Constitución. Esto añade incertidumbre porque el pensamiento de la mayoría de los independientes todavía es una incógnita. Y, además, estos convencionales no pueden continuar de inmediato su carrera política, lo que hace más difícil pasarles la cuenta si incumplen su palabra.

No hay muchos precedentes de que un país entregue libremente la redacción de una nueva Constitución a una asamblea con una representación tan importante (casi 40%) de simpatizantes de la extrema izquierda o que pueden ser calificados como antisistema. Hay que pensar en procesos revolucionarios para encontrar situaciones parecidas. ¿Y si realmente fuera así y Chile estuviera viviendo un proceso revolucionario de baja intensidad? ¿Y si el Presidente y el sistema de partidos no fueran más que un decorado cinematográfico que esconden una situación de rebelión iniciada con el estallido social y continuada con la pandemia?

Sin duda que la historia de éxito más sorprendente en estas elecciones es la de la Lista del Pueblo, que ha conseguido 27 convencionales en la futura asamblea. Su logro es admirable desde el punto de vista de la operativa política. Obtuvo representación en 15 distritos y acumuló más de 940.000 votos, cantidad que superó a los partidos tradicionales del centro izquierda agrupados en la candidatura del Apruebo. Pero quizá lo más sorprendente sea que ni sus competidores políticos, ni los analistas, ni la prensa fueron capaces de detectar la fuerza con que este fenómeno se presentaba a las elecciones.

Con recursos limitados, con una audaz utilización de los videos y de las plataformas tecnológicas, la Lista del Pueblo se apoderó de algunos de los protagonistas y de la iconografía de las manifestaciones que ocuparon durante meses la Plaza Baquedano. Es, en síntesis, el aviso de que la llamada primera línea no solo va a desplegarse en la calle sino también dentro de la convención constituyente.

Los partidos responsables de la transición a la democracia (exceptuando al PC) han quedado reducidos al 40% de la convención constituyente. Se trata de un varapalo considerable, de una enmienda a la totalidad de un proceso histórico cuyos protagonistas no supieron defender. Se entierra así la etapa de mayor paz y prosperidad de la historia de Chile, tres décadas en las que Chile no solo alcanzó elevadas cotas de crecimiento y desarrollo, sino que se convirtió en el canario en la mina del populismo latinoamericano. Lo más sorprendente es que todo esto se ha producido en medio de la deliberada ausencia de la mayoría de los chilenos que decidieron no ir a votar.

Opinión

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