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Carta a la clase política chilena

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Agencia Uno/PAUTA
POR Eduardo Olivares |

“Al preguntarle al espejo: ‘Espejito, espejito, ¿quién de estos chilenos es la más popular?’, el espejo les responde. ‘Pamela Jiles’. ¡Y ustedes tiemblan al oír ese nombre, como si fuera la bruja del cuento”, dice Cristián Warnken.

Carta a la clase política chilena:

Les escribo con la encuesta CEP en la mano. No soy un analista político, y no creo que haya que serlo para, desde ese sentido común que ustedes perdieron hace tiempo, darse cuenta de que un abismo, una “falla” gigante-para hablar en términos geológicos-se ha abierto entre ustedes y la realidad de los chilenos. Una falla tan grande que podría presagiar temblores o terremotos de alta intensidad. Algunos de ustedes hablan de “pueblo” y otros hablan de “opinión pública”. Prefiero usar la expresión acuñada por un joven ensayista chileno, Hugo Herrera: “Misterioso pueblo“, para referirse a su irrupción, desborde o estallido en octubre del 2019.

Pero ni siquiera creo que pueda hablarse de un “pueblo”, tal como se lo entendió en la década de los 70, como una suerte de sujeto homogéneo y claro al que un líder se dirige y convoca. Arturo Alessandri, de los más populares y populistas presidentes que hemos tenido, hablaba de mi querida chusma“. La voz de Allende vibraba cuando hablaba del “pueblo”, y ese pueblo sí existía: recuerdo cuando niño haber sido llevado a una manifestación en la que de verdad se veía y sentía el “pueblo”: trabajadores en la calle. Pero esa “chusma” y ese pueblo ya no existen.

Nunca más vi esa masa de trabajadores reales marchando: el pueblo fue mutando, la sociedad chilena cambió, los tan demonizados 30 años no pasaron en vano, para bien y para mal. ¿Pero quién es hoy el “pueblo” chileno? ¿No habría que hablar mejor de “los pueblos”? ¿O más bien de los individuos heterogéneos, cada uno enarbolando su propia bandera, su propia y personal reivindicación y ya no las banderas (eran hermosas, hay que decirlo) de los viejos partidos y los viejos sueños utópicos, sepultados por la historia?

La encuesta CEP acaba de develar y dejar al desnudo -como en el cuento “El traje nuevo del emperador” de Andersen– el vacío de representación, la inexistencia del vínculo de ustedes con el pueblo. Y ese vacío fenomenal lo puede llenar cualquiera que no tenga que ver con ustedes, porque nadie quieres sacarse una selfie con ustedes, nadie quiere oír ni oler ni sentir cerca a los “señores políticos” (¿recuerdan esa expresión de Pinochet?). Ese vacío lo llenó -el 73- un militar con desagradable voz de huaso ladino, al que nadie prestó atención hasta que se lo vio sentado en el sillón presidencial (y ya era tarde).

Hoy, muchas décadas después, ese vacío lo está llenando Pamela Jiles. Ocupando los espacios que le ha proveído la farándula, ha logrado convertirse en la gran vampirizadora de la política, la sirena que acumula, con su lenguaje performativo y su conocimiento intuitivo y “al callo” del manual de Gramsci, cadáveres y cadáveres de políticos (ustedes), náufragos extraviados y sin sangre, exangües, verdaderos zombies que solo se hablan a sí mismos. El narcisismo, a veces necesario para generar un liderazgo en política, les pasó la cuenta, “señores políticos”: se ahogaron en su propio espejo. Y al preguntarle al espejo: “Espejito, espejito, ¿quién es de estos chilenos es la más popular?”, el espejo les responde. “Pamela Jiles”. ¡Y ustedes tiemblan al oír ese nombre, como si fuera la bruja del cuento, un cuento “contado por un idiota”!, como diría Shakespeare.

Pero ni Pinochet, ni Trump ni Jiles son demonios o monstruos salidos de la nada. En realidad, sí, salen de la Nada en que se ha convertido la política real. O digámoslo con todas sus letras: la “politiquería”. ¡”Horror vacui”! Cómo resuenan esos versos de Nicanor Parra: “Porque Nadie soluciona los problemas económicos, Nadie soluciona los problemas sociales, Nadie soluciona los problemas políticos. Por eso, ¡Nadie presidente!”. Y digamos la verdad: a esa Nada (a ese “maelstrom” de la política, agujero negro succionador) nos llevaron la izquierda y la derecha juntas. Otra vez Parra: “La derecha y la izquierda unidas jamás serán vencidas”. Ahora deberíamos decir: “Izquierda y derecha, juntas derrotadas”.

La izquierda y la derecha, Nicanor Parra
De Artefactos, 1972. Fuente: Centro Virtual Cervantes

Vamos por parte: primero donde más nos duele, a quienes pensamos que la centroizquierda es crucial para el equilibrio político. ¡Qué mal parada queda en esta encuesta!

Algunos pensaron que el estallido social nos llevaba derecho al asalto del Palacio de Invierno, a la “noche de los cuchillos largos”, a una revolución jacobina “chilensis”. Bueno, el “misterioso pueblo” de Chile no quiere eso: de lo contrario, no se explica que, entre las instituciones mejor evaluadas, lejos, muy lejos del Congreso y los partidos, estén la PDI, las FF. AA., Carabineros. ¡Carabineros, denostada institución, al parecer, está sobreviviendo a pesar de quienes pensaron y quisieron fuera su fin! Si es por las cifras del CEP, más en crisis están los partidos políticos que Carabineros. Si esta institución requiere una reforma (y claro que la requiere), los partidos políticos casi necesitan una refundación.

El misterioso pueblo de Chile es mucho más pragmático y concreto que nuestros líderes de una izquierda lírica y desaforada, que cree que incendiando la pradera se conseguirán más votos. Se olvidaron de que la falta de orden público finalmente no le gusta al pueblo, el más vulnerable en el caos. Y miren: nuestro representante local de Lenin en la tierra (Jadue) con estos números no llega ni a segunda vuelta. ¿A quién le entrega su simpatía, su corazón el misterioso, veleidoso pueblo de Chile?: a una Abuela que les ha asegurado sucesivos 10%, con los que los chilenos han podido cruzar estos duros meses de pandemia. Los chilenos y chilenas no quieren desfondar las AFP, solo quieren “que corra el billete” y llegue directo a sus bolsillos, sin pasar por intermediario alguno, sin las trabas burocráticas estatales, casi soviéticas, con la que el Gobierno ha llegado casi siempre tarde, una y otra vez (con la mejor de las intenciones probablemente) obsesionado por una “focalización” a estas alturas inoperante. Si la Abuela el día de mañana plantea que les va a estatizar sus fondos, los pocos que queden a los afiliados, estos le darán la espalda e irán en busca de otra abuela, o tía, o madre, o padre, que les asegure respuestas concretas y reales, no delirios mesiánicos o bolcheviques.

Porque nuestro “misterioso pueblo” es un pueblo de huachas y huachos, huérfanos, que buscaron primero una gran Madre (Bachelet) y después un Padre Ausente (Piñera), ninguno de los cuales cumplió las expectativas que los chilenos y chilenas tenían de ellos, y por eso terminaron buscando los “nanái” de una Abuela querendona y astuta. Pero de ustedes, “señores políticos” (por favor, cierren los ojos y escuchen esta expresión dicha con la voz del Tata Pinochet), el pueblo ya no espera nada.

Topamos fondo. Y la izquierda está, incluso más que la derecha, desfondada. Uno hubiera esperado de ella más inteligencia política: porque la derecha nunca ha creído en la política y solo ahora, ante el terror de que se desplome todo, economía y democracia incluidas, se da cuenta de que cuando abandonas la política (y eso hicieron de manera irresponsable por décadas), llegan los demonios a atacar por el flanco débil que dejaste abierto. Pero la izquierda, o “las” izquierdas (la “millennial”, la vieja izquierda y las otras), ¡qué incompetencia política colosal!

¿Qué está buscando, entonces, el misterioso pueblo? Primero una Abuela, porque la Madre está lejos… luego unos doctores (Izkia Siches y el ministro Paris). ¿Rememoranza inconsciente del doctor Allende y el doctor Cruz Coke, los médicos de la política del antiguo Chile? Nadie confía en que los políticos sean los terapeutas para sanar las heridas y enfermedades que nos asechan. Tal vez necesitamos médicos de almas, o pedagogos que entiendan que “gobernar es educar”. Ya el misterioso pueblo se dio cuenta de que ustedes solo están interesados en sus agendas cortas, minúsculas, mezquinas. Ya no necesitan operadores de la política, porque ustedes se han convertido en operadores de sí mismos. ¿El pueblo de Chile quiere, entonces, populismo? No lo sé. El pueblo de Chile quiere tal vez sin saberlo, intuitivamente, política eficaz, creíble, que encarne en la realidad. Y como nadie está haciendo esa política hoy, allí están los brazos abiertos de la Abuela, su chal acogedor lleno de promesas, aunque en ese chal también puedan venir escondidos venenos.

Siempre terminamos recurriendo a la Abuela cuando los padres fallan, cuando son irresponsables, no tienen madurez, parecen ausentes y no garantizan verdadera autoridad y protección. ¿Será la Abuela nuestra próxima Presidenta? Si ustedes siguen haciendo lo mismo que están haciendo y han hecho hasta ahora, nuestro Padre Ausente le entregará la cinta presidencial a la Abuela. Crónica de una muerte anunciada. ¿Se imaginan esa foto para la historia? ¿Se imaginan las miradas de Piñera y Jiles cruzándose en una gélida y silenciosa transmisión de mando de un Congreso Imaginario? ¡Otra vez Parra, siempre llegamos a Parra!: “Un presidente imaginario / en un gobierno imaginario / y una oposición imaginaria en un Congreso imaginario, llegando a acuerdos imaginarios / enviando ayudas imaginarias…” ¡Vamos, Chile! ¿Vamos? ¿Chile Vamos? ¿Adónde?

Saludos desde el Jardín

Cristián Warnken es el anfitrión de Desde El Jardín, de Radio PAUTA, de lunes a viernes a partir de las 20:00 horas. Escúchelo por la 100.5 en Santiago, 99.1 en Antofagasta, y por la 96.7 en Valparaíso, Viña del Mar y Temuco, y véalo por el streaming en www.PAUTA.cl