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El cambio en Defensa: entra Mario Desbordes, sale Alberto Espina

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PAUTA
POR Matias Bobadilla |

El hasta ahora presidente de RN no solo guiará las relaciones con las Fuerzas Armadas, sino entra como una voz de peso político para enfrentar otras visiones de la derecha.

¿Por qué se va?

Alberto Espina deja su puesto en el Gabinete como consecuencia de una reestructuración política que busca sanar las heridas del oficialismo y del Gobierno. Su salida es un costo colateral del diseño que busca implementar desde ahora el Presidente Sebastián Piñera ante la crisis sanitaria, económica, social y, también, al próximo ciclo electoral.

El exsenador de RN estuvo desde el primer día del segundo mandato de Sebastián Piñera a cargo de llevar las relaciones con las Fuerzas Armadas y debió enfrentrar, entre otras, las polémicas por el millonario fraude en el Ejército por el uso de gastos reservados y también cuestionamientos al actuar de algunos militares en pleno estallido social. Su gestión se vincula también con el protagonismo permanente de las distintas ramas en pleno estado de excepción por la pandemia.

En esta línea, Espina debió tramitar y enfrentrar las críticas de la oposición en proyectos de alta sensibilidad para su cartera como el de infraestructura crítica; la “ley de inteligencia” y el proyecto que establece un nuevo sistema de compras e inversiones de las capacidades estratégicas de la Defensa Nacional.

¿Quién llega?

Sus cercanos dicen que costó que tomara la decisión y que la presión interna de RN pesó hasta el último minuto, pero finalmente Mario Desbordes aceptó la propuesta y se convirtió este martes en el segundo ministro de Defensa de Piñera, para reemplazar a otro histórico de RN, Alberto Espina.

El ahora expresidente de RN –un “líder improbable”– llega hacerse cargo de una cartera que conoce bien. Y le gusta. Fue subsecretario de Investigaciones -una rama hoy desaparecida que pertenecía a Defensa- en la primera administración de Piñera. Además, el excarabinero siempre ha tenido buena sintonía con las Fuerzas Armadas y hasta que asumió como secretario de Estado era parte de las comisiones permanentes de Defensa Nacional y de Seguridad Ciudadana de la Cámara de Diputados.

Pero su llegada al Gobierno también tiene otra lectura. Neutralizar las críticas y el lado más “díscolo” del expresidente de Renovación Nacional, quien en pocos meses más debía enfrentar una elección interna que no pintaba nada de tranquila. Menos por las disputas públicas entre Desbordes y el hasta ahora senador Andrés Allamand, quien también entró al Gabinete para asumir como canciller

Con su llegada al Gobierno también se netean las tensiones entre los líderes de oficialismo. Desbordes tenía conocidos roces con la líder de la UDI, Jacqueline Van Rysselberghe y también en su minuto con el extimonel de Evópoli, Hernán Larraín Matte. “Lo que pasó en estos meses arriesga la continuidad de la coalición en el Gobierno”, dijo apenas hace cinco días en entrevista con T13.cl, cuando aún defendía la idea que la catarsis entre el Gobierno y Chile Vamos debía ser con el mismo elenco que estaba. Lo que claramente no fue.

Principales prioridades

El nuevo ministro de Defensa deberá enfrentar dos desafíos: el más político es no soltar la influencia en su partido, y el más técnico, fortalecer las relaciones de las FF. AA. en lo que queda en la pandemia y en la organización del Plebiscito. En este nuevo puesto, Desbordes, además, deberá enfrentar el aniversario del primer año del 18-O, que ocurrirá solo una semana antes de la consulta constitucional, la misma que como diputado promovió y apoyó -aunque fuera minoría en su sector- desde el Apruebo. 

Desbordes se frentará a varios desafíos propios de su cartera, con el proyecto de infraestructura crítica y la propuesta que establece un nuevo sistema de compras e inversiones de las capacidades estratégicas de la Defensa Nacional. Ambas serán un pendiente cuando deba volver al Congreso, ahora en su calidad de ministro. El extimonel de RN deberá ayudar en ordenar sus filas en el Parlamento y bajar -como pocas veces lo hizo- el tono de sus críticas, pues ahora será parte del Gobierno al que muchas veces presionó a través de sus frases y sus apuestas como la condonación del CAE o abrir la puerta en su sector a la aprobación de la Ley del Retiro del 10%. Ahora, sus descargos y sus propuestas con un toque de “derecha social” se las podrá decir directamente al Presidente, su nuevo jefe.